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09/03/2008
Tipos de visitas

- Visitas Mr. Proper (que ahora se llama Don Limpioooo): esta visita sólo se puede tener cuando vives en un piso de alquiler (en otras palabras, 70% de posibilidades de que la casa no esté en su esplendor higiénico y/o de brillo en los rincones). Tiene lugar cuando personas de mucha confianza (léase amigas o parientes femeninas) que viven en un piso en propiedad, se desplazan a tu domicilio con intención de pasar tiempo juntos por el motivo que sea (entre los más populares están vamos-a-cuidarte-porque-estás-enferma o vamos-a-quemar-la-ciudad, descrito a continuación). Vienen a casa y se dedican a hacer estas labores de las que tú pasas, pero que “no te preocupes, que lo hago en un momentito”. Mola, pero te puede dejar un regustito de culpabilidad.
- Visitas de Vamos-a-quemar-la-ciudad: básicamente, colegas con carnet Joven (o Jove) que vienen a verte para salir por ahí hasta las mil. Lo malo de programar las juergas es que a veces, cuando llegan, se convierten en una obligación, pero no siempre tiene por qué ser así…
- El casero (ese gran desconocido): está la versión del casero que siempre te recuerda lo barato que es el piso y lo bien que os trata aunque intente instalar él mismo el nuevo calentador de agua y empiece a salir fuego en la cocina (y luego, cuando la madre de tu compañera de piso le llama por teléfono para hacerle entrar en razón, amenaza con echarte del piso). También está la casera fisgona y asquerosa que dice que “nada de traer al novio, que luego las otras compañeras tienen envidia y esto se llena de gente”. Y el modelo “Casero ahorrador”: “No está permitido que se quede nadie de fuera, pensad que luego gastan luz y agua, y eso lo pagáis vosotros. En todo caso, si queréis que un día concreto se quede alguien a dormir, me avisáis y tendrá que pagar la noche”.
¿¿¿¿Alguna más????
Laus
PD: Ejemplos verídicos.
¡Salvemos una palabra!

En mi curro llevé a cabo, la semana pasada, un proceso participativo para que todo el mundo pudiera salvar una palabra. La consigna era escoger aquella palabra que más te gustase del idioma que quisieras, elección hecha según la sonoridad, el significado… ¡total libertad!
He aquí los resultados, comentarios de los autores incluídos:
- Pampallugues en catalán y pléyade en castellano.
- Gallego: anduriña; catalán: espiadimonis; castellano: vida.
- Catalán: milhomes (el peor insulto); castellano: anteojos.
- En catalán ATZUCAC y en leridano.... MURISEC... (murciélago, que en catalán se dice ratpenat = ratapinyada; vamos, una palabra sin desperdicio en todo caso...)
- "Melangia"
- "trumfes" de la vall de Camprodon fetes amb un "tupi" a la vora del foc...
- "micaco" (níspero)
- a mi en castellano me gustaría salvar la palabra "candemor", porque de aquí a unos cuantos años, losque aún la digamos quedaremos como unos carcas, carrozas i pasadosde moda, y lo que es peor: ¡los chavalines no nos entenderán!
- Yo salvaría Baile Atta Cliath (Dublín en gaélico) y en castellano, por ejemplo, "mamotreto".
- Yo salvaré del finlandés "anteksi" (disculpe) i kitoksia (muchas gracias) y del castellano “antaño”.
¡Animaos a añadir la vuestra!
Laus
16/03/2008
Barcelona gratis II

Hoy proponemos:
- Visitar el Palau Güell, recientemente abierto al público y totalmente gratis. ¿Lo malo? La parte que se puede ver es ínfima. La apertura completa no será hasta dentro de 2 años, como mínimo.
- El Cosmocaixa, alucinante y casi gratis: 3 eurillos de nada, que se convierten en 2 con el carnet de la biblioteca y gratis con el carnet joven. Tendréis horas para disfrutar de “Ciencia para tocar”, animales y (mi favorito) el Bosque Inundado, un microclima increíble que recrea el bosque amazónico: ¡incluso llueve de verdad! Y si queréis una actividad extra, or recomiendo cualquiera del Planetario, por 2 eurillos más (¡si es poco más de lo que te gastas en un café!)
Si os lleváis unos bocatas, podéis ir al Palau (que sólo abre por la mañana) y comer luego super a gusto en el mirador del Cosmocaixa.
Me ha sido difícil elegir una foto hoy, espero que os guste.
Lausa
Entrada Obligatoria para Woody Allen

A veces ocurren cosas extrañas. Como encontrarte un cartel de “Entrada Obligatoria para Woody Allen”. O que se te apague el móvil justo al dar un toque para avisar a tus colegas de que has llegado al centro donde vais a ver una película de esas para gente culta, pero aunque no las encuentras en la puera principal, entras igualmente tras pagar tu entrada y, después de sentir que no formas parte de ese círculo al que pertenece gente como el que estaba detrás de ti en la cola (“yo me centro en el aspecto nominal de la filmación, quiero aportar algo al respecto”) te tragas la hora y media de película (resumen: una habitación en la que se presenta – no se narra, porque no ocurre NADA – un grupo de marines en una jaula de castigo, donde tienen que pedir permiso una y otra vez para traspasar unas rayas blancas – no esnifables, que te veo – del suelo).
Durante ese tiempo te has rascado el pie, has repasado la lista de la compra y has conseguido una tortícolis de aúpa intentando distinguir en la sala en penumbra a tus colegas. Y, al salir, ¡oh horror! ¡Resulta que no estaban! ¡Y tú que habías desechado la posibilidad de largarte de allí y esperarlas fuera, leyendo un libro durante la peli del averno, para evitar cruzaros a la salida!
Pero supongo que hay cosas más raras. ¿O no?
Laus

