Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2007.
12/11/2007
Para las perracas amantes de Roma

Ahí van algunas recomendaciones si vais a Roma:
- Prohibido sufrir pensando: “¿Cómo se dirá en italiano tengo una reserva para hoy?” Que síííí, que te entieeeeeenden.
- La pareja disfrazada de romanos en el Coliseo no es una amable iniciativa del ayuntamiento para los turistas, no te hagas fotos con ellos.
- Antes de pasar media hora de cola para entrar a algún sitio, no olvides comprobar que llevas dinero (sí, lo digo por lo que estáis pensando… Menos mal que detrás de nosotros había en la cola una pareja de simpatiquísimos catalanes – para que luego digan los estereotipos – que se ofrecieron a pagarnos lo que nos faltaba de la entrada. Luego, en la cola del avión, sabiendo que ellos también volvían, hice nuevos amigos preguntando a todas las parejas si nos conocían. Como fisionomista, me doy un cero.)
- Antes de ir al Vaticano, entérate de si hay algún acto especial tipo Día de la Madre Soltera u otro que te impida el acceso, después de haberte dedicado a madrugar un huevo.
- En cuanto a los Museos Vaticanos… (Capilla Sixtina y adyacentes)… no sé a quién hay que matar para entrar. Ya es bastante descorazonador llegar una hora y media antes de que abran (a personas individuales, los grupos entran antes) y descubrir una cola de un kilómetro…
- Si sois amantes del frankfurt, en los sitios de comida rápida podréis degustar la interpretación italiana de este: un cacho pizza enrollado alrededor de una salchicha.
- Si queréis ver cosas pero pasáis de pagar por todo, id por la tarde a la zona del Coliseo. Al lado hay un montón de ruinas con nombres diferentes (que ya ni recuerdo) pero que son preciosas cuando atardece. No encuentro un modo –no –cursi de decirlo, pero es verdad.
- Hártate de pasta y pizza. Total, por unos días… Salvo que sea lo único que sepas cocinar, siempre puedes prescindir de ello unos días, mientras se te pasa el empalagamiento.
Bueno, ahora iba a hacer alguna recomendación culta, estilo “Ved La dolce vita u otra peli donde salga algo característico de Roma para disfrutarlo más al verlo allí” pero no se me ocurre ninguna.
Estas recomendaciones no sirven para mucho, pero a mí me han gustado. Ya sabemos que la experta real es La Manetti.
Laus
PD: Adjunto foto de la Boca de la Verità (eso me dijeron en la estación de trenes).
25/11/2007
Consejos para una noche de fiesta inolvidable

- No lo planees mucho, que si no, luego no va nadie. A veces los grandes acontecimientos hacen dudar a la gente de sí mismas: “¿Me merezco ir?” “¿Este traje de lentejuelas verdes es demasiado casual?”
- Intenta que nadie descubra exactamente a qué hora vas a ir. A ver, aparece el mismo día, no sea que ya no encuentres a alguien. Pero lo más emocionante es que la gente vaya llegando de uno en uno, para provocar las exclamaciones de júbilo de quien hace mucho que no se ve: que si Fátima comes back for some days, que si has visto a esta perraca hace una hora junto al gato pero ahora es la vez que cuenta, que si Ay tía, qué fuerte es todo.
- Haz algo arriesgado: o haces un espectáculo funambulista o juntas en un bar dos mesas cuya materia principal es la cinta adhesiva. Tú mism@
- Una vez en un local musical, practica el mestizaje de culturas y baila estilo fusión. Una buena idea es bailar rock con tu toque flamenco personal.
- No pierdas tu personalidad dentro del grupo: deja que salga la Eva que hay en ti, practica tu italiano inventado o ponte un gorro para protagonizar un típico baile-puerta.
- Para fomentar la unidad, haced una secta. Es fácil, sólo necesitáis llevar algo distintivo que los demás no tengan, como un trozo de plástico del paquete de tabaco en la frente.
Y, sobre todo, disfruta de tus perracas y cuídalas.
Laus
El reloj parado a las siete

En esa supernoche de ayer, a alguna os comenté lo del cuento del reloj parado a las siete, que Bucay recoge de Papini (quizás nuestra perraca italiana nos lo sepa situar), y que como él dice es una pequeña joya. Os regalo algunos fragmentos de lo que recoge Bucay, sobre las reflexiones que hace el protagonista sobre el reloj parado a las siete que cuelga de su pared:
"[...] casi siempre el reloj es sólo un inútil adorno sobre una fría y blanquecina pared, sin embargo hay dos momentos durante el día, dos fugaces instantes enq ue el viejo reloj parece resurgir de sus cenizas como el ave fénix. Cuando todos los relojes de la ciudad, en sus enloquecidos andares marcan las siete y los cucús y los gongs de las máquinas hacen sonar siete veces su repetido canto, el viejo reloj de mi habitación parece cobrar vida. Dos veces al día, por la mañana y por la noche, el reloj se siente en completa armonía con el resto del universo. Si alguien mirara el reloj sólamente en esos dos momentos diría que funciona a la perfección. Sin embargo, pasado ese instante, cuando los demás relojes acallan su canto y las manecillas continúan su monótono camino, mi viejo reloj pierde su paso y permanece fiel a aquella hora que alguna vez detuvo su andar. Y yo amo ese reloj, y cuanto más hablo de él más lo amo, porque cada vez siento que me parezco más a él. Támbién yo estoy detenido en un tiempo, también yo me siento clavado e inmóvil, también yo soy, de alguna manera, un adorno inútil en una pared vacía. Sin embargo, disfruto también de fugaces momentos en que misteriosamente, llega mi hora. Durante ese tiempo, siento que estoy vivo. Todo se vuelve claro y el munco parece maravilloso: puedo crear, soñar, volar, decir y sentir más cosas en esos instantes, que en todo el resto del tiempo. Estas conjunciones armónicas se dan y se repiten una y otra vez, con una secuencia inexorable. La primera vez que lo sentí, traté de aferrarme a ese instante, creyendo que podía hacerlo durar para siempre. Pero no fue así. Como a mi viejo amigo el reloj, también a mi se me escapa el tiempo de los demás. Pasados esos momentos, los demás relojes que anidan en otros hombres continúan su giro y yo vuelvo a mi rutinaria muerte estática: a mi trabajo, a mis charlas de café, a mi aburrido andar que acostumbro llamar, mi vida. Pero yo sé, que la vida es otra cosa, yo sé que la vida, la de verdad, es la suma de aquellos momentos que, aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía con el universo. Casi todo el mundo, pobre, cree que vive. Sólo en momentos de plenitud, y aquellos que no lo sepan e insistan en querer vivir para siempre, quedarán condenados al mundo del gris y repetitivo andar de la cotidianeidad. Por eso te amo, viejo reloj, porque somos la misma cosa: tú y yo".
Después Bucay añade: "[...] quizás ahora, en este presente, la hora de la verdadera vida coincide con tu propia hora. Si así fuera, disfrútala...! Quizás pase demasiado pronto."

